el blog de la cátedra de producción radiofónica de la eci

Mucho ruido y pocas nueces... no. Muchas nueces y poco ruido, poquito...

SONIDOS Atravesando el silencio




No había luna. No se escuchaba un ruido. Sin embargo el niño con los ojos cerrados escuchaba muy quieto. A su lado  una hilera de álamos  le  contaban que el viento venía del sur muy suavemente.  El arroyo  temblaba en varios tonos más bajos que cuando de día reflejaba al sol.

A los lejos ladraron los perros. Siempre con los ojos cerrados sin necesidad -la oscuridad lo cegaba de todos modos- se agachó y apretó su oreja sobre la tierra. Escuchó la puerta que se abría de un golpe, la música que salía de dentro de la casa, el disparo, las alas de los pájaros agitarse en estampida, un pesado cuerpo que caía sobre el suelo, el grito de mujer que se arrastró por la tierra haciendo surco mientras las gomas de un auto rechinaban sobre el asfalto. Se levantó abrió los ojos sin ver  y  el sonido de su llanto que contaba una de las tantas historias que suceden las noches sin luna, atravesó el silencio. 

Sí, sabemos que   el sonido es el único que puede hablar de  sí mismo. Sin embargo seguimos insistiendo en poner en tinta y papel todas las  conceptualizaciones , definiciones, clasificaciones y caracterizaciones  de él , del lenguaje audio y su estética . Casi que no dejamos nada afuera, autores, nuestras propios palabras, reflexiones sobre lo dicho por otros,   descubrimientos que pensamos innovadores. Pero siempre, luego,   visto lo que uno plasmó en las páginas del  libro que orgullosamente escribió, se da cuenta que se dejó  algo afuera; que no son tan inteligentes ni las reflexiones ni las palabras; que se debería haber incluído... y no  haber tenido en cuenta ... 

 A nuestro favor, que  intentamos   acercarnos  a la justeza  en los conceptos  ya que la plenitud de su captación se  escapa realmente a las palabras que intentan explicarlo.

Una palabra puede provocar una risa incontenible, o un llanto desconsolado, o una mano extendida, o una declaración de guerra o de amor.

Un sonido grave de tambores batiendo  sobresaltan el ritmo y la respiración, un aletear en las tardes soleadas dibuja sonrisas, un estallido de una ola sobre una roca grita que usted está irremediablemente vivo.

Una música en el aire le hace cerrar los ojos e imaginarse mundos y azules de cielo y rojos de atardeceres y blancos eléctricos de tormentas. Y de pronto usted sabe que al oírla ha logrado conseguir sus alas para lograr la libertad.

El silencio lo arrastra a su propio latido interior, desnudo de sonidos, despojado de voz.

Piénselas a todas juntas en una estrecha convivencia armónica.

Eso, sólo eso es el lenguaje audio, o radiofónico, como más le guste a usted denominarlo.

Y estaría todo dicho, pero no. Nosotros seguimos insistiendo en analizarlo, explicarlo, desmenuzarlo, ver cómo es por dentro. Como cuando uno de chica desarmaba los relojes para ver por qué sonaban. Después no andaban más.

Por suerte el lenguaje audio sigue andando pese a todos nuestros embates académicos, pese a todas nuestras serias y profundas investigaciones, pese a toda nuestra palabra puesta a su servicio.

 Todo esto lo sabemos los que hemos escrito este libro. Pero no pudimos resistirnos a la tentación y volvimos a las andadas con  la seriedad y el respeto que nos merece el tema.


Susana Sanguineti (compiladora) Marta Pereyra (coordinadora)

EN VENTA EN: Rubén Libros y Secretaría de Apuntes ECI / UNC