
No había luna. No se escuchaba un ruido. Sin embargo el niño con los ojos cerrados escuchaba muy quieto. A su lado una hilera de álamos le contaban que el viento venía del sur muy suavemente. El arroyo temblaba en varios tonos más bajos que cuando de día reflejaba al sol.
A los lejos ladraron los perros. Siempre con los ojos cerrados sin necesidad -la oscuridad lo cegaba de todos modos- se agachó y apretó su oreja sobre la tierra. Escuchó la puerta que se abría de un golpe, la música que salía de dentro de la casa, el disparo, las alas de los pájaros agitarse en estampida, un pesado cuerpo que caía sobre el suelo, el grito de mujer que se arrastró por la tierra haciendo surco mientras las gomas de un auto rechinaban sobre el asfalto. Se levantó abrió los ojos sin ver y el sonido de su llanto que contaba una de las tantas historias que suceden las noches sin luna, atravesó el silencio.
Sí, sabemos que el sonido es el único que puede hablar de sí mismo. Sin embargo seguimos insistiendo en poner en tinta y papel todas las conceptualizaciones , definiciones, clasificaciones y caracterizaciones de él , del lenguaje audio y su estética . Casi que no dejamos nada afuera, autores, nuestras propios palabras, reflexiones sobre lo dicho por otros, descubrimientos que pensamos innovadores. Pero siempre, luego, visto lo que uno plasmó en las páginas del libro que orgullosamente escribió, se da cuenta que se dejó algo afuera; que no son tan inteligentes ni las reflexiones ni las palabras; que se debería haber incluído... y no haber tenido en cuenta ...
A nuestro favor, que intentamos acercarnos a la justeza en los conceptos ya que la plenitud de su captación se escapa realmente a las palabras que intentan explicarlo.
